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Altas y bajas 2011/2012
ALTAS:
Molinero (S.D. Huesca)
Oriol (Aris de Salónica)
Emilio López (Recreativo de Huelva)
Párraga (Granada)
Sutil (Real Sociedad)
Javi Jiménez (Real Valladolid)
Cerrajería (Ahtletic Club)
Iturra (Uniao Leiria)
BAJAS:
Aquino (Real Valladolid)
Cañadas (Alcoyano)
Rosquete (Tenerife)
Urzáiz (Ponferradina)
Góngora (Cádiz)
Cámara (Sin equipo)
Abraham Noé (At. Baleares)
Ander Gago (Guadalajara)
Gótor (Getafe B)
Carles (San Roque)
Dani Hernández (Real Valladolid)
Molino(Palencia)
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| 27.01.11 - 07:20 - Yayo Delgado | |||
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Aquel gol fuera de tiempo en Cádiz fue el golpe definitivo. Muy pocos, poquísimos, quizás sólo los cuarenta incondicionales que vivieron aquel palo en el Carranza, podían aquel día tirar del muerto, sacándolo del túnel que se abrió de par en par tras el mazazo en aquel fatídico postrero corner. Si no hubiera sido por todo lo que pasó después, un milagro que tocamos con la punta de los dedos, aquel gol en Cádiz hubiera sido el gol de Montilivi. El destino del fútbol nos tenía preparado un sufrimiento gigante que nos haría invencibles, en el ánimo murcianista, y aquel golpe de gracia amarillo se quedó en anécdota. Pero el fútbol vuelve por donde pasó a menudo, cerrando heridas, moldeando un rugoso destino retorcido que tiene pinchos para todos. Aquella derrota no fue justa, ni injusta, fue la moneda que cayó por el lado de la derrota, para el Murcia, pero ayer, en Nueva Condomina, la moneda volvió a girar y equilibró la balanza. No es más justo que empatara ayer el Murcia que perdiera aquel día. En fútbol las distancias no se pueden medir fácilmente, y menos cuando se juegan la vida dos grandes, iguales por mil cosas, que se encuentran renaciendo, una vez más, de sus cenizas, buscando un sueño que no ha llegado en un siglo de fútbol. Pudo marcar el Cádiz, pudo marcar el Murcia, un empate se antoja justo, pero pudo caer la victoria para cualquiera. El partido se jugó con miedos y especulaciones, inevitables, que es la liga, donde hay que amarrar. Si uno arriesgó, fue el Murcia de Alonso, porque Pepico lo que hizo fue amurallar con faltas el centro del campo y esperar salidas peligrosas. Lo hizo bien el Cádiz, pero no se puede pescar con fútbol riguroso en un río donde se debe demasiado a la suerte. Como un estigma, Pepico se llevó el disgusto cuando se apagaba el partido. Reminiscencias futbolísticas, deudas históricas, fútbol capicúa. El Murcia es más líder porque creyó en su milagro, y porque el fútbol que puso fue bastante para no perder. Destacó, una vez más, Aguilera, aunque estuvo algo solo. Dejó grandes sensaciones Mario Marín, que crece y crece, y es otro de los que podemos considerar fichajes de invierno, y luchó bien Chando. Excepcional, una vez más, Óscar Sánchez, salvador, se fajó como viene haciendo toda la temporada. Al revés, Pedro, que si mantuviera el nivel jugaría en estadios de tres graderíos, y mejoró más el Torito, que está a un segundo del gol, a un segundo de reencontrarse consigo mismo. Como en los sueños, la moneda giraba y giraba, a pesar de que ya había sonado el tiempo. La esperanza de muchos seguía viva en el sentimiento incondicional. El Cádiz se agarraba a su rocosidad, al césped, a los balones escondidos… Pero la fe de Alberto, una vez más, levantó el balón con el grito de los que cantan hasta que pita el árbitro, y este dejó pasar ese último suspiro de esperanza. Bailó el destino y apareció el diez de la camiseta nueva, el fichaje que alegra los entrenos con la sutileza de otra categoría, para esperar el bote y encarar una caricia de mago, parábola con efecto de gol, elevando el sueño de un empate que equilibraba un poco más un renacimiento cada vez más próximo, dibujando un gol para enmarcar. Alegría. La capicúa se hacía empate, y el Murcia más líder. Molino vuelve ídolo, y seguimos en el camino. Más fuertes, y sin querer olvidar que esto nunca iba a ser fácil.
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